domingo, 22 de abril de 2012

Un "Hola" y una sonrisa.

Dicen que sólo llegas a olvidarte de alguien el día en que lo ves y no sientes nada. No hablo de sentir mariposas en el estómago, ni de todas esas cosas que se escriben en las letras de las canciones de amor. Hablo de verle, y no sentir ese puñal, ese golpe decisivo que te atraviesa el cuerpo, el que te deja esa sensación rara en la garganta. No volver a imaginar esas imágenes en la cabeza que pasan tan rápido y que nos dejan un buen dolor de cabeza, no cometer el error de volver al pasado, y dar un paso hacia atrás.
 La cosa se complica cuando él te ve, sonríe y te saluda, así como si nada. Como si él no recordara todas esas imágenes que yo si tenía presentes. Como si él no se acordara de aquel día en que nos bañamos en la playa en pleno mes de diciembre. Como si no recordara cuando nos reíamos por cualquier tontería después de hacer el amor. Como si él no se acordara de como acabó todo, de la lluvia de aquella tarde, de mis lágrimas. Había pasado mucho tiempo, aunque para mí todo aquello hubiera sucedido el día anterior.
Tardé mucho en procesar todo aquello, lo que sentí cuando le ví, darme cuenta de lo que seguía sintiendo, su sonrisa, su "hola". No sé cuántos segundos pasarían hasta que por fín conseguí sacar una voz casi muda, una voz que susurró un tímido "Hola". El mío sin sonrisa, nunca había sido falsa y no lo iba a empezar a ser en ese momento. Seguí caminando, sin darme cuenta de que él aún estaba parado, desconcertado, esperando un "¿Qué tal?" y un "Bien, ¿y tú?". ¿De verdad querías seguir con aquella conversación? ¿De verdad querías saber que me había pasado todas las noches durante ocho meses llorando? ¿De verdad querías que te dijera que te seguía queriendo? ¿De verdad querías decirme que lo sentías pero que tú ya tenías a alguien? Porque eso es lo que hubiera pasado.
Ocho meses sin verle, y justamente nos tuvimos que encontrar en el lugar menos pensado, como siempre sucede en las películas, como yo nunca creí que sucediera en la realidad. Ocho meses con sus días y con sus noches, imaginando cómo sería aquel día. Nunca hubiera pensado que fuera tan frío, hubiera preferido una mirada profunda sin "hola", que un "hola" y una sonrisa de "Somos amigos y nos saludamos". No éramos amigos, nosotros habíamos sido más, y aunque él lo hubiera olvidado, yo en aquel momento no podía.
Aquel veinte de diciembre, me dí cuenta de que no le había olvidado, de que seguía sintiendo aquel puñal, de que aún seguía con la cabeza en el pasado y con el cuerpo en el presente, y por su sonrisa de amigos y por el dolor que sentí al recordarla, me dí cuenta de que no podía seguir así, me dí cuenta de que había llegado el momento no de pasar página, sino de quemar ese libro y comenzar con otro nuevo.

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